"Decidí que, de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía"
Rodolfo Walsh

viernes, 19 de agosto de 2011

Un cierre por la vida

por Paula Pimentel
publicado en plazademayo.com

El 23 de mayo pasado, el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, se comprometió a cerrar el destacamento policial de Lomas del Mirador donde fue visto por última vez Luciano Arruga, el joven de 16 años desaparecido hace ya casi 2 años y medio. Para Vanesa Orieta, hermana de Luciano, este hecho no alecciona a la institución policial, “es importante simbólicamente, pero más importante es denunciar lo que pasa adentro de las comisarías y destacamentos”.

Acompañados por Adolfo Pérez Esquivel, titular de Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) y por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de La Matanza, los Familiares y Amigos de Luciano Arruga fueron recibidos por el juez Gustavo Banco, quien se comprometió a seguir trabajando en la causa de Luciano, “noté un cambio en su manera de actuar, de responder ciertas preguntas, eso tuvo que ver con la presencia de Adolfo (Pérez Esquivel)”, cuenta Vanesa. También se reunieron con la fiscal Celia Cejas y más tarde, con el Intendente Espinoza y funcionarios municipales.

Meses antes, Espinoza había prometido cerrar el destacamento cuando hubiere algún policía procesado. De la causa principal -la desaparición de Luciano- se desprendieron dos causas más. En una de ellas hay dos efectivos procesados. Era la condición para concretar el cierre del destacamento que el 31 de enero de 2009 hizo de centro clandestino de detención. Ahora resta concretar la decisión política asumida el 23 de mayo.

“El cierre del destacamento me parecía algo muy difícil, lo pintábamos en una bandera, era parte de nuestras consignas, pero al principio teníamos una oposición importante, que tenía que ver con una política armada en torno al tema de la inseguridad”, cuenta Vanesa. Los hechos de inseguridad que desencadenaron esa fuerte oposición fueron el asesinato del florista de Susana Giménez, a fines de febrero de 2009 y del entrenador de Guillermo Cóppola a principios de marzo. “En ese entonces había dos foros de seguridad que fomentaban que el destacamento siguiera en pie, y pedían que se aumentara el número de policías en Lomas del Mirador.”

En ese destacamento, dos meses antes torturaban y asesinaban a un pibe de 16 años, porque se había negado a robar para los policías.

Del otro lado

Días después del anuncio del intendente, la Comisión de Seguridad de La Matanza (Co.Se.Ma) lanzó un comunicado que bogaba por el no cierre del destacamento, “Sí queremos que la policía nos controle”, dice una de sus consignas. Por su parte, Gabriel Lombardo, titular del foro de seguridad Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador (Valomi) venía enfrentándose en exasperadas declaraciones a quienes estaban reclamando el cierre del lugar. Para acercarse a su manera de razonar, basta con leer dos líneas; en septiembre de 2008 dijo: “Un chico de ocho años que se crió en la villa no es una criatura. Hay que bajar la edad de imputabilidad penal. Los malandras están en las villas.”

Para Vanesa, el discurso de estos sectores quedan “políticamente a un costado, no estamos en los tiempos que ellos proponen”.

Desde el barrio 12 de octubre, donde vivía Luciano y hoy viven su madre y hermanos, se ve la casa de Gabriel Lombardo. “(Lombardo) Tiene total confianza con los policías del destacamento – que se abrió en 2007 por un pedido expreso de su organización- ¿y no sabía que había un patrullero y un auto particular desde donde se repartían armas a los pibes para que salgan a robar?” se pregunta Vanesa. “Parece muy iluso de su parte no conocer esto, porque sucedía delante de los ojos de todos. Los vecinos de las casas que rodean el barrio 12 de Octubre ven esta situación, sin embargo sostienen que está bien esa pocilga que no funciona para nada y que tiene las puertas cerradas a las 7 de la mañana.”

Reciclar el dolor

El municipio seguirá pagando el alquiler de la casa donde funciona el destacamento policial, que depende de la Comisaría 8º de Lomas del Mirador, para que funcione un centro cultural, un espacio para la memoria.

“Nosotros pretendemos conservar ese espacio para recordar lo que pasó con Luciano, recordar que no fue el único que pasó por ese lugar y estuvo detenido en condiciones ilegales, para seguir vinculados con otros casos, porque lo que pasó con Luciano sigue sucediendo”, explica Vanesa. “Tiene que recordarse siempre que el lugar fue un destacamento y que fue recuperado por los familiares, amigos, vecinos, organizaciones. Hablar de la cocina del destacamento tiene una connotación para nosotros, porque ahí Luciano estuvo detenido y fue golpeado, y quizás fue el último lugar en el que estuvo con vida, son espacios que uno debe recordarlos de ese modo, pero al mismo tiempo no queremos que quede ahí, tratando de hacer un reciclaje del dolor, uno pueda encontrar un poco de alegría. En eso consiste la transformación de un espacio que para mí es de muerte”.

Los vecinos piden el cierre del destacamento

Los vecinos piden el cierre del destacamento

Un desaparecido “diferente”

“Hay que mantener viva la memoria, como sucede con los 30 mil desaparecidos. Debemos cortar con la subestimación de lo que denunciamos. Muchas veces estos casos no se valoran porque lo primero que se piensa es que el pibe andaba en algo raro, o ‘es el final que le toca’, y no hay un compromiso de la sociedad. Hay que valorar la vida de todas las personas más allá de la condición social que le toca vivir. No solamente uno tiene que salir a la lucha cuando se trata de un estudiante de clase media, militante, que cumple con todos los requisitos revolucionarios. También hay que hacerlo cuando se trata de un pibe de un barrio, morocho, de gorrita. A veces los que creés cercanos ideológicamente no acompañan estas luchas”, se lamenta Vanesa.

Luciano Arruga es un desaparecido como son los 30 mil que carga la espalda de Argentina: nadie sabe dónde está. “Si leés la causa, en algunas partes el grado de violencia es el mismo que sufrieron las víctimas de la dictadura, lo que vivió mi hermano también fue una tortura, y adentro de una comisaría (8º de Lomas del Mirador), que oh casualidad, fue un centro clandestino de detención durante la dictadura militar del ’76. Es lo mismo, lo que pasa es que te encontrás con esto de ‘no era el compañero militante’, pero era el pibe de un barrio, y hay que luchar de la misma manera. Permitir que suceda esto con un chico de un barrio, es permitir que en un futuro suceda con cualquiera de nosotros.”, cuestiona Vanesa.

La fuerza de Vanesa emana por sus poros, desde sus manos preparando el mate. Vanesa ha nacido nuevamente desde el dolor más profundo, la irreparable pérdida de un familiar cercano, y el desconcierto y la desesperación de no saber dónde está.

Los primeros días sin Luciano fueron muy duros: “si bien yo sabía que tenía que ver con la policía, para mí fueron muy tristes porque todavía tenía la esperanza de que estuviera vivo, y no sabía si tenía frío, hambre, si le estaban pegando, yo quería estar con él, protegerlo. Antes de tener abogados, nos llamaban diciendo que tenían información de Luciano, o me decían ‘encontrate conmigo, traeme plata y yo te digo dónde está tu hermano’. O nos decían ‘lo acabo de ver en la plaza’, entonces íbamos corriendo a la plaza y no estaba. Es muy bravo, porque esto está armado de tal manera que saben hasta cómo volverte loco.”

Vanesa no cree en la institución carcelaria, si bien el caso está en la justicia y se pretende el castigo que dicten los jueces, desde lo personal ella no acepta ningún tipo de violencia. “Los que mataron y desaparecieron a Luciano si no van presos, estoy segura que durante estos dos años la pasaron mal, sentados en sus casas más de una vez habrían tenido que ver la cara de Lucianito en la televisión, y eso es lo que los va a castigar, en sus cabezas van a pagar que mataron a un chico de la forma más cruel y después lo ocultaron. Y cuando vos ocultás algo, tu cabeza no te lo perdona.”

Luciano es el caso paradigmático de algo que sucede con más frecuencia de lo que imaginamos. Miguel Bru, Iván Torres, Luciano González, Marita Verón, son algunos nombres conocidos porque atrás de ellos hubo una familia que salió a buscarlos incansablemente. Vanesa explica: “Nosotros le perdimos el miedo a la policía. Este es el caso de un pibe de un barrio pobre que tuvo la posibilidad de poder llevar su caso a un lugar que no lo llevan muchos otros pibes, o sus familias. No sirve solamente el cierre del destacamento. Tenemos que seguir abriendo este enjambre, y tenemos que ser más. No sé si cerrar un destacamento, pero sí denunciar lo que pasa adentro.”

Luciano es hoy una cara conocida, un pibe de sonrisa amplia, que quería terminar el colegio, que soñaba con ser tío. Que nunca imaginó la trascendencia que tomaría su nombre. Porque nadie se imagina, a los 16 años, ser asesinado y desaparecido por la policía. En 3 meses, Luciano sería tío, “fantaseaba mucho con una sobrina, esas cosas me ponen triste, saber que no lo va a poder vivir”, finaliza Vanesa.

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